Category: MIS REFLEXIONES

Camino del Shiatsu II

EXCELENCIA Y MEDIOCRIDAD
Los que nos dedicamos a esta profesión del SHIATSU, tenemos una gran responsabilidad. 
Tenemos que aceptar que somos una pequeña comunidad dentro del inmenso mundo de la salud y hablo de la salud natural, pero debemos ser capaces de alumbrar con luz propia. No siempre es suficiente con dominar la técnica. Más allá de la técnica, estamos las personas y si hemos apostado por esta forma de ayudar a los demás, deberíamos arropar nuestras manos con aquellos valores que realzan lo más significativo de las cualidades del ser humano.
No es comprensible, ni para nosotros y mucho menos para aquellos que nos observan, enturbiar nuestro trabajo con actitudes propias de otros escenarios de los que debemos diferenciarnos con claridad. No es compatible el uso de nuestras manos en tratar de dignificar la salud de las personas y deslizarse en argucias y traperías impropias de la bondad que mana de nuestro desempeño.
Hace tiempo leí que ser coherente, significa poner en el mismo eje lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Verdaderamente, tenemos la oportunidad de ser excelentes. Excelentes con nuestros pacientes, con nuestros alumnos y con nuestros compañeros de trabajo. Pero fundamentalmente, tenemos la oportunidad de ser excelentes con nosotros mismos.
Seamos coherentes y disfrutemos del camino tratando de ser coherentes con el significado del trabajo de nuestras manos. Si enfocamos ahí nuestro esfuerzo, estoy convencido de que muchas personas nos elegirán para cuidar su salud y su aprendizaje.
«Más allá de la Técnica, estamos las personas. Alumbremos con Luz Propia»
Mateo García del Río
Director Escuela Japonesa Shiatsu Málaga

Camino del Shiatsu I


 AGUANTAR EN LA TEMPESTAD
He tenido oportunidad de pisar muchos escenarios del Shiatsu, desde el Japan Shiatsu College en Tokio, hasta alguna pequeña Escuela de cualquier lugar de Europa. He oído discursos de todo tipo y visto ponentes y terapeutas de diferente condición. En este mundo del Shiatsu, que en realidad no deja de ser como una gran familia, conviene saber que tras la belleza y la nobleza de la terapia, están las personas que lo practican y lo sostienen. Y cuando hablamos de personas, obviamente, entramos en un jardín muy variopinto y multicolor.
He conocido a personas, que han sabido compaginar el valor y el respeto al Shiatsu, su enseñanza y su filosofía, como un principio inquebrantable, con la habilidad de hacer de él un modo de vida. Reconozco que esto no es fácil y que requiere una alta dosis de equilibrismo, ya que muchas veces, el escenario y las circunstancias no contribuyen a poder mantener esa balanza, la cual exige compromiso y trabajo casi permanentes.
Pero esa entrega y dedicación siempre trae sus recompensas. Dar forma al deseo de alguien de convertirse en terapeuta de Shiatsu y ver como evoluciona en ese proceso es muy gratificante. Proceso, que en la mayoría de los casos, significa no solo crecer en el aprendizaje, sino también crecer interiormente y esto, para que suceda, exige muchas veces, romper viejos patrones en los que habíamos asentado nuestros conceptos y nuestra forma de vida. En definitiva, el Shiatsu, como cualquier otra disciplina, nos modela interiormente, nos transforma y si somos capaces de mantenernos en ese proceso de recomposición, nos acaba transformando en seres diferentes,
A estas alturas, no tengo duda de que no somos nosotros los que elegimos el Shiatsu para aprender una técnica terapéutica, eso es lo que parece inicialmente, En realidad, nuestro guía, nos pone en el Shiatsu para que sea un Camino de Transformación. Porque igual que sucede en la naturaleza, algo que debe crecer, necesita previamente romperse y abrirse para dar espacio a nuevas formas de comprender y de Ser.
Así que, cuando llegue ese momento, normalmente disfrazado de dificultades, que te hacen plantearte si continuar o no, es importante que no abandones. Siempre habrá alguien que desde el otro lado de la tormenta, te pueda tender una mano para ayudarte a cruzar. 
Aguantar en la tempestad, te permitirá disfrutar de un precioso amanecer. 


Mateo García del Río
Director Escuela Japonesa de Shiatsu Málaga.

La «Ley del Vacío» en la Terapia Natural

En el transcurso de los años en esta profesión, he observado en repetidas ocasiones un modelo de pensamiento, que a mi juicio es incoherente con el espíritu de la actividad de las terapias naturales. El practicante de cualquier terapia natural debería entender la natural forma de ser de las cosas.


Desde hace años observo lo que se conoce como la «Ley del vacío», la cual nos enseña que el flujo (de personas y de cosas), siempre va en dirección al lugar del espacio disponible, acción con la que se equilibra el exceso en cualquier otro espacio.



Comprender esto y aceptarlo, conlleva la tranquilidad de no tener que gastar tiempo ni energía en preocuparse por lo que sucederá mañana. Lo único a lo que deberíamos prestar atención, es a ser lo más eficaces que podamos ser hoy, ahora.

Cuando tratamos a un paciente, deberíamos hacerlo con la intención de que necesite el menor número de sesiones posibles, la intención de que no tenga que regresar en las próximas semanas, evitar convertirnos en una muleta imprescindible, debemos intentar al menos, que sea capaz de asumir la responsabilidad de su salud. Y para ello, son necesarios tres ingredientes: conocimiento de la técnica, conocimiento del cuerpo y herramientas de educación para la salud.

No basta con tratar a nuestros pacientes, debemos educarlos para que sean autosuficientes y su salud no dependa de nosotros. Obviamente que hay muchos matices. Evidentemente que podemos ser de gran utilidad y necesarios en el tiempo para las personas ancianas, las que tienen alguna discapacidad psicofísica o aquellas que son incapaces de gestionar sus vidas, claro que sí.

Y porqué pienso de esta forma? Seguro que algunos de mis colegas de profesión no piensan así. Seguramente ellos crean, que mientras sus pacientes sigan regresando una y otra vez, mejor para ellos. Así mantendrán sus ingresos económicos. Y sí, tal vez sea mejor para ellos. Pero se da una paradoja en esta profesión, no nos dedicamos a esto para cuidar de nosotros (eso viene por añadidura), estamos aquí para ser útiles a los demás. La pregunta es, a cuantas personas podemos ayudar si nuestra agenda de trabajo está llena siempre con casi las mismas personas para las que somos un remedio, como una pastilla?. Dos manos y ocho horas no dan para mucho. Apenas que alzáramos la vista, podríamos darnos cuenta de cuantas personas nos necesitan y cuantas están esperando ese «vacío» necesario que ellos puedan ocupar.

Hace muchos años aprendí de un orador la siguiente frase: «nuestros ingresos económicos son directamente proporcionales a nuestra capacidad de prestar servicio».

Por eso invito a mis compañeros de profesión a que confíen, a que sean valientes y a que se permitan descubrir que la «Ley del vacío» opera en todas y cada una de las cosas, y que si la aplicamos, juntos podremos paliar el sufrimiento de muchas más personas.


¿Se están desarrollando bien nuestros hijos?

Hace algunos años comencé a tratar a algunos jóvenes de entre 9 y 11 años que presentaban mayoritariamente dos síntomas, dolor de espalda y rigidez muscular. Esto me sorprendió sobremanera ya que con esas edades, lo normal sería encontrar cuerpos flexibles y elásticos. Así que decidí prestar atención a las causas que podían estar generando estos trastornos.


No hacía falta ir muy lejos para observar a los pequeños en su trayecto hacia o desde los colegios, cargados con mochilas, que incluso para un adulto son pesadas, y que además, por una cuestión de moda (como suele ocurrir casi siempre) colocadas de la peor forma posible si tenemos en cuenta el equilibrio y la ergonomía postural. En la mayoría de los casos, la forma errónea de llevar estas mochilas hace que concentren su apoyo en la región sacra, provocando un esfuerzo enorme en la musculatura lumbar y dorsal de la espalda.


Otro elemento claramente identificable tiene que ver con las nuevas tecnologías de la comunicación. Cuando yo era pequeño, si quería decirle algo a un amigo o jugar con él fuera del colegio, la única opción era dirigirme a su casa o quedar con él en algún lugar. Con la introducción de la informática, nuestros pequeños han mejorado indudablemente su capacidad de comunicación, pero han empobrecido drásticamente su movilidad.


Recuerdo que después de estudiar y hacer los deberes, lo que nos apetecía a mís amigos y a mí era salir a jugar fuera de casa, donde la mayoría de estos juegos llevaban implícito correr y saltar. Ahora, después de hacer sus tareas, muchos jóvenes se conectan a Internet y pasan el resto de la tarde chateando con sus amigos. Pero aun así, lo más destacado no es eso, sino que muchos de esos niños, mientras se entregan a esa lúdica actividad de la comunicación virtual o los videojuegos, lógicamente se relajan y suelen adoptar durante horas, posturas naturalmente descuidadas en sillas y sobre todo en sofás, que acaban por dañar la musculatura de sus espaldas.


Otro elemento destacado es fundamentalmente de carácter emocional. Sabemos que los niños son como esponjas, lo absorben todo, lo bueno y lo menos bueno, y en muchos casos, se ven envueltos en la vida estresante de sus padres, con prisas permanentes, y en estos tiempos, la falta de estabilidad. Con ello muchos pequeños están sometidos a una sobrecarga excesiva de estímulo, que acaba dañando su sistema nervioso y afectando a su musculatura.

En realidad se pasa poco tiempo con ellos, que tanto lo necesitan. No se tiene tiempo y por lo tanto, los padres desconocen si sus hijos están creciendo de forma equilibrara o no. Con esto me refiero a que, con unas nociones muy básicas, cualquier persona puede detectar desequilibrios claramente visibles en la espalda de un pequeño, en sus caderas, en su forma de pisar, etc. Deberíamos comprender que detectar y corregir esos débiles desajustes a una temprana edad, nos evitaría trastornos más severos y difíciles de tratar en el futuro adolescente.

 

No se les enseña a respirar, a relajarse, a sentarse…, no se les enseña prácticamente nada que puedan hacer por su salud de forma autónoma. Y no es extraño, la mayoría de sus padres tampoco saben hacerlo. Sencillamente no se nos ha enseñado en la sociedad, en la que pararse y respirar, es sinónimo de perder el tiempo. 

Ya es hora de cambiar. Aunque sea por la salud de los más pequeños.

 

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