VISIONES DE LA PRÁCTICA DEL SHIATSU


A veces, en el entorno de las personas que han oído hablar del Shiatsu, este se interpreta como un modelo de terapia encuadrado en la digitopresión y con patrones estandarizados o con clasificaciones bastante herméticas. Es comprensible, ya que a pesar del tiempo que esta terapia lleva entre nosotros, sigue siendo una gran desconocida.
Si algo tiene de interesante el Shiatsu, es su enorme capacidad de adaptación a cualquier situación o necesidad. Esta es una de esas características que hacen del Shiatsu una terapia absolutamente permeable, adaptándose, bien a una planificación de un proceso de reequilibrio general que pudiera ser más o menos largo, como a la exigencia de una recuperación que no pudiera demorarse en el tiempo. Es cierto que la filosofía del Shiatsu se nutre de la medicina oriental, y esta observa al individuo íntegramente, como un todo y conectado con los procesos naturales y con la naturaleza misma, pero su gran capacidad de adaptación, nos revela la posibilidad de afrontar formas de trabajo que bien se podrían asemejar a la visión cortoplacista o reduccionista de la medicina occidental.
Esto le aporta al terapeuta profesional de Shiatsu poder adaptar su trabajo, tanto a las necesidades como a las circunstancias puntuales de quien reciba la terapia. Pero, en cualquier caso, incluso cuando se utiliza el Shiatsu buscando un resultado a corto plazo, la práctica, no debe girar exclusivamente en torno al dolor o a la zona afectada. 
Dentro de nuestro maravilloso cuerpo, todo es una extraordinaria red de comunicaciones, entre las cuales existe una incesante interacción a nivel neurológico, sanguíneo, hormonal, energético, muscular y orgánico. Esta red ejerce un vínculo global que afecta a todo lo fisiológico, pero es evidente que existen unas relaciones que son mucho más directas que otras. Conocer estos vínculos le permite al terapeuta de Shiatsu múltiples recursos. Esto le facilita poder trazar un orden coherente de trabajo. Tratar el entorno y aquello relacionado con la afección, sin necesidad de actuar sobre las zonas más sensibles, evitando así el posible aumento de la irritación, lo que permite a su vez, que el dolor no esté necesariamente presente en el tratamiento. Esto es importante, ya que la ausencia de dolor irritante, ayuda al paciente a no poner resistencia al trabajo del terapeuta. Además, cuando se comprenden bien estas relaciones, el terapeuta de Shiatsu puede entender con facilidad donde se encuentra el origen o la causa principal del problema, que casi nunca coincide con zona afectada.
Trabajar con Shiatsu en este orden de relaciones, potencia la capacidad que el cuerpo tiene de regenerar su equilibrio, ya que integra estímulos desde distintas zonas corporales y en distintos grados de profundidad. 
Tristemente, aún hay personas que desconocen el Shiatsu como una terapia, que tiene una enorme capacidad para revertir los estados de desequilibrio, eso sí, dentro de los propios límites naturales en cada cuerpo.

                                                                                       Mateo García del Río
                                                                                                           Director Escuela Japonesa Shiatsu Málaga

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